La verdad es una realidad móvil que cada cual acepta desde su cultura siempre parcial y macera en su estado de ánimo siempre personal.En el fondo del cerebro cada cual guarda sus verdades indiscutibles: sus creencias, fidelidades y pasiones. Algunas nos acompañan de por vida; otras, con los años, las vamos perfilando e incluso rechazando. Por eso a veces pasamos del amor al odio, de la creencia al agnosticismo, de disentir a aceptar. Cada vez que lo hacemos cambiamos o anulamos las que fueron nuestras verdades, algo que nunca es una derrota al igual que cambiar de paisaje no significa el fin del viaje. Lo único que hacemos es ajustar nuestros viejos sueños y necesidades a nuestros nuevos sueños y realidades. Para vivir, lo único que jamás nos puede fallar es la sístole y la diástole de nuestro corazón.
Es por eso que de vez en cuando algunas de nuestras verdades idealizadas se nos tambalean. Al final, sólo nos quedan y mantienen aquellas que creemos nos aportan algún bien: seguridad, orgullo, paz, placer, bienestar?
La cultura en libertad nos da el microscopio de profundizar y el telescopio de universalizar para poder descansar en la verdad que más nos reconforta: la nuestra.
FUENTE ADN

